Hace por lo menos 5.000 años que el incienso arde sin llama en los altares de los magos. Antiguamente se quemaba para disimular el olor del animal sacrificado, para dirigir oraciones a los dioses, y para crear un ambiente propicio para el encuentro del hombre con la Divinidad.
Actualmente, cuando la época en que los magos de Occidente sacrificaban animales está ya muy lejana, se utiliza incienso por diversas razones. Se quema al hacer magia con el fin de estimular la conciencia ritual, es decir, el estado de ánimo preciso para despertar y dirigir la energía personal. Este estado de ánimo también se alcanza mediante la utilización de instrumentos mágicos, permaneciendo en pie ante el altar encantado donde arden las velas, entonando cánticos y pronunciando palabras simbólicas.
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